Karina
Quiero sentarme en un banquito en medio de una plaza de la ciudad en donde un árbol caliente con su sombra a plena luz del día. Que mis pies no toquen el piso y se columpien una y otra vez en el aire, y ahí, en donde los niños corren de un lugar a otro supuestamente custodiados por la mirada de sus padres que sostienen un larga charla a distancia sobre su trabajo, relaciones y problemas citadinos, ahí, en donde palomas vuelan desesperadas cuando arrojan un pedazo de pan, en donde un músico se enfrenta a los rayos del sol tocando para recibir su paga del día, ahí, sin que nada de eso me perturbe: quiero tener un orgasmo.

Karina


Derrotada entre mis sueños desperté con ganas de ti,
de saborear tus labios sin permiso
de transitar tu virilidad con esmero y poco a poco

Derrotada y prisionera entre las sábanas en mi cuerpo desperté
y conmigo encendí el deseo por la mañana
cuando apenas amanecía y el sol se asomaba sin tocarte allá en donde te encuentras
no te llega el sabor del deseo a tus kilómetros, no te toco y pierdo los sentidos
no te veo, pero siento tu intensidad
no te escucho, y soy dueña de tu voz que se escapa a mis anhelos
no eres mío, pero me entrego a ti, completa
no te quiero si me quieres sin querer amarme

Derrotada, despierto con ganas de ti
y velo mis ojos para no verte, porque no estás
Karina
Aún busco respuestas en lagunas de desesperación y locura, dejando de sentirte amante ahora empiezo a cuidarte como madre, como el niño indenfenso que he de proteger mas allá de los deseos carnales y peligrosos que me atormentan.

Como entre las cortinas de un teatro cambias tus obras en mi mente, jugando a ser el hijo, el marido y el amante que casual disfruta en mis adentros. No encuentro la lógica en mis pensamientos, me dejo llevar por momentos en donde otras voces me llaman y llenan de placer, pero no olvido el tuyo, grabado en mi a fuego recorren mis venas tus recuerdos, tu voz. Deja de darme libertad, pues me ahogo prisionera, mientes en tu lejanía porque es tu juego cruel, en donde me disfrazas de ángel, diosa o prostituta; porque sabes que todas te pertenecen.